Desarrollo de las ICO

Desde el nacimiento de Bitcoin, muchas criptomonedas han ido apareciendo, existiendo actualmente decenas de miles.

En términos generales, desde 2009 (año de puesta en funcionamiento de Bitcoin) hasta 2014, lo normal era que las nuevas criptomonedas se basasen en una emisión ligada a un algoritmo, por ejemplo el algoritmo PoW (Proof of Work, prueba de trabajo) o PoS (Proof of Stake, prueba de participación) siendo PoW lo más normal al ser el formato usado por Bitcoin.

Las criptomonedas basadas en PoW/PoS permiten una forma democrática de distribución del total de las criptomonedas que se minan y aparecen durante el periodo de distribución. De esta forma ninguna entidad central emite las nuevas monedas.

Esto cambió en 2013 apareciendo las primeras iniciativas que, antes de hacer público el software de la criptomoneda, sus promotores/desarrolladores la minaban por adelantado en privado. Una forma de financiarse a posteriori. Se conocieron como monedas pre minadas.

En este modelo ellos se guardaban una parte de las monedas para después, una vez cotizase la moneda, ir vendiéndolas y recuperar su inversión previa.

En esos años las nuevas criptomonedas pasaron de ser criptomonedas con generación basada en competencia, a monedas con un modelo donde los promotores de un proyecto vendían criptomonedas que habían minado con ventaja, antes que nadie pudiera hacerles competencia.

En 2015 Ethereum hizo público su software funcional en la red blockchain pública.

De la mano de Ethereum llegaron los Smart Contracts o los colored coin sobre Bitcoin y las ICO pasarían a convertirse en la moda del mundo blockchain. Esto permitió crear nuevas criptomonedas sobre criptomonedas ya existentes. Es decir, sobre cadenas de bloque como Bitcoin o Ethereum podían crearse nuevas monedas delegando en estas redes toda la infraestructura, seguridad, transparencia, velocidad, privacidad,… que ofrecían estas redes.

Gracias a esto no hacía falta crear una nueva criptomoneda con sus nodos, blockchain, mineros,… estas nuevas criptomonedas funcionaban sobre una cadena existente con todo eso resuelto. Con este modelo nacerían decenas e incluso cientos de ICOs en pocos años.

Tras el lanzamiento de Ethereum ha sido muy normal ver ICOs para la preventa de tokens que funcionan sobre Smart Contracts, con el objetivo de generar transparencia y automatismo al proceso.

Con este tipo de tokens, cualquier idea podía usar esta técnica para financiarse de forma cómoda ofreciendo, por ejemplo, un token que te permitiría un determinado servicio en la futura aplicación de la idea en cuestión, por ejemplo.

Con estos ingredientes se incentiva que, de forma similar a las acciones, cuanto más demandado sea el servicio al que está vinculada esta nueva criptomoneda o cuanto mejores características tenga la criptomoneda su precio podría subir debido a la demanda. Además las ICOs basadas en prueba de participación (PoS) pueden dar periódicamente un pequeño porcentaje de criptomoneda a los inversores que las tengan.

Esto es lo que ha convertido las ICO en una forma muy similar a la emisión de acciones para la financiación de un proyecto.

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